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DEBILIDAD DE LA DEMOCRACIA  /  PAULA HERVÁS JIMÉNEZ  / 21-04-2015
Siempre había creído que las dictaduras al final caían por su propio peso dando paso a la democracia pero veo con
asombro que en el caso de Cuba ni ha sido ni será así. Por el contrario ha sido la democracia de EE.UU. la que se ha bajado los pantalones ante los Castro olvidando los 50 años de sanciones y aislamiento a los que la isla ha estado sometida.
Es evidente que la dictadura ha aguantado todo lo que le han echado y al final han resistido y han vencido a toda una superdemocracia como parece ser la del presidente Obama.
En Europa cayó el muro y cayó del lado de los demócratas. En América está a punto de caer pero hacia el lado que nadie esperaba. Hacia el lado de Miami, donde todos los exiliados han tenido que esconderse y tendrán que seguir escondidos si quieren vivir en una democracia.
Las muertes habidas en las pateras, en las cárceles cubanas, en esos accidentes casuales en los que han muertos los opositores al régimen de la revolución,  no han servido de nada ni tiene ningún valor porque el presidente Obama así lo ha querido.
Todas las amenazas e insultos proferidos por los dirigentes cubanos hacia los políticos estadounidenses serán borrados de las hemerotecas para que nadie pueda exhibirlos en un futuro inmediato y los acuerdos entre los dos dirigentes sigan adelante.
Todo el trabajo hecho por los presidentes norteamericanos, desde Kennedy hasta el último Bush ha sido infructuoso porque un señor dictador y comunista ha triunfado sobre todos ellos y ha acabado demostrando que una buena dictadura, bien organizada, que perdura en el tiempo y somete a su pueblo, adoctrinándolo hasta la extenuación, siempre es más efectiva que una democracia en la que sus dirigentes llegan, llenan sus bolsillos durante 8 años y se van a su casa a vivir el resto de sus días dando conferencias muy bien pagadas y si es posible dejando algún miembro de la familia para que siga la estirpe presidencial.
La diferencia entre una democracia y una dictadura está bien clara. El demócrata sabe que sus días de poder son limitados y se limita a pasar el tiempo lo mejor posible e intentar contentar a la mayor cantidad de gente para hacer amigos que le cuiden en el futuro. El dictador sabe que si se lo organiza medianamente bien, su mandato es ilimitado y no necesita contentar a nadie porque tiene claro que todos le harán la pelota si no quieren acabar entre rejas, en el mejor de los casos.
Franco murió siendo presidente de su larga dictadura y adorado por todos los que luego pasaron a ser demócratas. Exitoso cambio de sistema político, hemos de reconocerlo. Los presidentes de Corea del Norte murieron siendo presidentes y dejaron el poder a su estirpe para perpetuarla en el tiempo. Fidel Castro lleva años muriéndose pero antes traspasó el poder a su hermano Raúl, de la manera más democrática que puede hacerse. Tu eres mi hermano y seguirás mi camino hasta que los EE.UU. de América se rindan y acaben bajándose los pantalones.
Pues así ha sido. Ha vencido y puede morir en paz porque su revolución obtendrá el triunfo por el que tantos años ha luchado y masacrado a su pueblo.
Alguien dijo que la democracia es el sistema político menos malo de todos los conocidos pero cualquier Barcenas, Pujol, Griñan, Filesa, Gurtel, ERES o ITV, dejan al descubierto su enorme debilidad.