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FINAL DE LA COPA REY  /  JAUME ALCAÑIZ MARGARIT  / 01-04-2015
Próximamente se celebrará en el Camp Nou de Barcelona la final de la copa del Rey entre los equipos F.C.Barcelona y Athletic de Bilbao. Dos equipos legendarios en esta competición pero que en los últimos encuentros celebrados, sus aficiones se caracterizan por silbar al Rey y al Himno Nacional Español sin que nadie sea capaz de poner freno a tanta mala educación y falta de respeto.
Ni la FEF, ni la LFP, ni la AFE, ni los propios clubs hacen nada por evitarlo sino que antes bien, por parte de ambos clubs, propician que estos actos de exaltación independentista se vayan produciendo final tras final sin mostrar jamás autocrítica alguna y amparándose en la libertad de expresión.
En este país la libertad de expresión está un poco prostituida porque ampara desde la quema de la bandera nacional hasta el abucheo al Jefe del estado o la exaltación de símbolos anticonstitucionales, exceptuando la bandera del aguilucho.
En primer lugar habría que decir que si las aficiones de estos clubs están en contra de la Copa del Rey, parecería lógico que ni el F.C. Barcelona ni el Athletic de Bilbao participasen en ella por coherencia. Yo no participo en algo en lo que no creo o estoy en contra.
Pero como parece que la coherencia en las aficiones, direcciones de ambos clubs y las cabezas pensantes del fútbol español brilla por su ausencia, parece lógico que las autoridades, tanto deportivas como políticas deberían hacer algo para detener esta deriva que está llegando al esperpento más absoluto ya que es el único país en el mundo donde se silba a su Himno Nacional.
Si yo fuera el Jefe del Estado y al entrar en al Camp Nou con más de cien mil personas, una buena parte de ellas comenzaran a silbar mi presencia, tendría que aguantarme porque no todos los allá presentes tienen por qué estar de acuerdo con mi presencia y en mi sueldo está incluido aguantar ciertas protestas. Desde pequeño, en la preparación para asumir la jefatura del estado, debieron enseñarle que estas actitudes podrían existir y cómo debía comportarme ante este tipo de expresiones de los asistentes.
Pero si yo fuera el Rey, el Jefe del Estado Español y al sonar el Himno Nacional en el Camp Nou, una gran parte de los asistentes comenzaran a silbar, ordenaría que dejase de sonar el Himno Nacional e inmediatamente abandonaría  el palco del estadio.
Sería dar una lección en la defensa de España y dejaría en evidencia a todas las autoridades tanto deportivas como políticas que en ese momento, bajo la atenta mirada de las cámaras de decenas de Televisiones nacionales y extranjeras, estarían en el palco del Camp Nou esperando su minuto de gloria cuando fueran enfocados por una cámara.
Pero como yo no soy el Rey ni el Jefe de estado de España, desde aquí y en nombre de mi país, solicito que quien lo es y ese día presida el aquelarre en el Camp Nou, tenga la valentía de defender nuestro Himno y nuestro orgullo nacional.