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JUSTICIA O CIRCO MEDÍATICO  /  PAULA HERVÁS JIMÉNEZ / 25-03-2017
Hace años, cuando aún yo era muy joven, alguien que no se sintió bien tratado por los jueces dijo aquella famosa frase: LA JUSTICIA ES UN CACHONDEO.
Hoy en día esa frase ha quedado tan obsoleta que casi podríamos considerarla como ridícula. Casi un alargo a la justicia española actual.
Entre algunos fiscales estrella que se pasan el día en las televisiones y radios, cada uno de su régimen político por supuesto, algunos jueces iluminados que se creen dioses y van de guays por los platós dando lecciones de justicia y gran parte de la prensa más sensacionalista que nunca, han convertido la justicia en un circo mediático que cada vez me recuerda más a los juicios del lejano Oeste donde el juez era el herrero, el tabernero, el dueño de la imprenta y muy amigo del matón del pueblo que a su vez era el dueño del hotel y el que vendía la madera con la que se montaba la horca.
Según de qué partido político sea el juzgado lo tiene realmente crudo. Su cara y su caso abre todos los telediarios de todas las televisiones de España. Según de qué estatus sea el encausado ya puede ir despidiéndose de la presunción de inocencia porque para él no hay perdón ni compasión ni casi tiene derecho a defenderse. Hasta los abogados que tienen la osadía de defenderlo son tratados como apestados.
Hay quien dice que la culpa es de los políticos que tienen controlados a jueces y fiscales y siempre presentan denuncias cuando el juez de turno es favorable a sus tesis, es decir de su partido, y así tener la seguridad de que es aceptada.
Otros dicen que los jueces al ser nombrados por los políticos, siempre tiene preferencias a la hora de juzgar y eso parece que es así porque según es el enjuiciado abre telediarios, periódicos y hasta revistas del corazón.
Mi opinión es que los jueces españoles o no están bien preparados, o no se toman en serio su trabajo, o son tan malos que no tienen ni puñetera idea de leyes. Hay otra opción, pero esta me parece tan esperpéntica que prefiero no tenerla en cuenta y creer que lo hacen mal por ignorancia.
Cuando hay una condena, sea la que sea, siempre salen decenas de políticos de todo signo diciendo la suya.  Respetamos las sentencias judiciales, pero esta parece un poco exagerada.
Si el condenado hubiera sido de mi partido seguro que ya estaba en la cárcel.
Si el condenado no fuera poderoso le hubieran caído 10 años más.
No nos parece justo condenar a una persona por pegar a un policía en una manifestación.
Y así podríamos continuar con la relación de espabilados políticos o periodistas que van soltando sus comentarios como si en este país todos entendieran de leyes menos los jueces. Como pasa en el fútbol, en España hay tantos jueces y entrenadores como habitantes.
Por otra parte, todos los partidos políticos parece que están de acuerdo en que debe haber separación de poderes, lo que no es garantía de que la justicia mejore ya que siempre habrá preferencias y camarillas, pero después de tantos años de democracia, ninguno de ellos ha hecho nada cuando han estado en el poder por solucionarlo.
Esto me hace pensar que efectivamente, si en tu partido hay gente un poco avispada, se puede influir en jueces y fiscales descaradamente. La prueba más clara de ello es que siempre el partido de la oposición acusa al que está en el gobierno de controlar la justicia. Si acusan con tanta seguridad es que cuando ellos han estado en el gobierno lo han hecho y saben que se puede hacer.
La justicia, que debería ser la tranquilidad y seguridad para todos los españoles, parece que está lejos de dar confianza y eso hace que todo el mundo se lo tome por el pito de un sereno y sean muy pocos los que crean que, como reza su símbolo, la justicia sea realmente ciega. Antes bien, parece que abra o cierre los ojos en función del juez de turno que la interprete.
Es posible que llegue un día en el que la justicia sea eso, sólo justicia. Puede que llegue un día en el que los políticos dejen de utilizarla a su antojo y arrojarla sobre el político de signo contrario. Es posible que llegue un día en el que hasta los jueces y fiscales sean elegidos por su valía y no por suscripción o tendencia política. Pero mientras tanto, mejor no tener que entrar en un juzgado ni para recibir una herencia.