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LA HISTORIA MÁS TONTA JAMÁS CONTADA  /  RAMÓN JAUREGUI ANTÓN  /  27-12-2013
Corría el año 2010 cuando se celebraron las elecciones al parlamento catalán, una próspera región española que disfrutaba de una autonomía muy superior a cualquier estado federal de los países conocidos por aquella época.
El gobierno estaba en poder del llamado Partido Socialista Catalán (PSC) liderado por José Montilla, quien era el presidente del Govern apoyado por el partido Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), liderado por Carod Rovira e Iniciativa Per Catalunya- Els Verds (IC-Verds), liderado por Joan Herrera
El gobierno tripartito no acabó muy bien por las relaciones no del todo afines de los partidos que lo apoyaban y porque una gran crisis afectó muy fuertemente a la economía española bajo el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero que hasta última hora negó que existiera tal crisis, a pesar de que desde todas las instancias europeas le avisaban de la situación en la que estaba España.
Debido al desgaste del gobierno catalán, las encuestas comenzaron a dar excelentes resultados a Convergencia i Unión (CiU), Coalición permanente de CDC y UDC cuyos líderes eran Artur Mas, joven y ambicioso heredero de Jordi Pujol y Josep Antoni Durán i Lleida, eterno aspirante a todo.
Con las encuestas a favor, Artur Mas y su Coalición se lanzaron a la calle a comerse el mundo seguros de conseguir una mayoría absoluta que les permitiera hacer de Catalunya su reino de Taifas.
Pero la mayoría absoluta vaticinada por las encuetas (75 escaños) no se produjo y se quedó en 65, insuficiente para gobernar como Artur Mas quería y esperaba.
A pesar de estos resultados, seguro de asustar al gobierno central, se presentó en Madrid exigiendo una financiación específica para Cataluña consistente en que la Generalitat recaudara todos los impuestos de la comunidad y después entregaría al gobierno central lo que ellos creyesen que era justo para pagar las infraestructuras que se hicieran en Cataluña. Es decir, yo me lo quedo y si me sobra te doy algo.
Ante la negativa del presidente del Gobierno Central, Sr. Mariano Rajoy, a cambiar las reglas de juega que marcaba la Constitución Española, volvió a casa prometiendo una Cataluña independiente sin accidentes de tráfico,  sin muertes,  sin colas en los hospitales y con una bajada importante de impuestos. Para ello era necesario convocar unas nuevas elecciones, conseguir una mayoría (suficiente) y así poder plantar cara a Madrid porque "Espanya Ens Roba".
Se celebraron las nuevas elecciones y  !!!! Oh sorpresa !!!!; La gran mayoría esperada se convirtió en 50 escaños, 15  menos que en las elecciones anteriores. Ver las caras de los dirigentes en el balcón la noche de las elecciones nunca será olvidado por los asistentes.
Artur Mas, el que se había presentado como el Gran Mesías que llevaría a Cataluña a la tierra prometida, se quedó al borde de perder la elecciones que él había montado en plan plebiscitario como solución a todos sus problemas y los de Cataluña.
Lejos de agachar la cabeza e irse a su casa, como hubiera hecho un gobernante decente,  se tiró de cabeza a por la independencia de Cataluña de la mano de ERC liderada en esta ocasión por Oriol Junqueras, convencido de que de esta manera el pueblo le aclamaría como el Gran Salvador de la Patria.
Mientras los hospitales cerraban servicios por falta de presupuesto, los proveedores dejaban de servirles por falta de pago y los bonos patrióticos se convertían en bonos basura, el Gran Mesías montó una cadena humana para demostrar su poderío que cogidos de la mano llegaba desde Castellón hasta Francia.
Los medios de comunicación catalanes, muy bien subvencionados por la Generalitat, contabilizaron tantos participantes que deberían estar como mínimo tres encima de otro para que pudieran caber.  En 352 km contabilizaron 1.600.000 personas. Es decir, cuatro personas y media por metro lineal. Lo dicho, tres encima del primero.
Como el Sr. Artur Mas seguía sin conseguir que el Gobierno Central cediera ante su exigencias, amenazó durante varios meses con un referéndum de autodeterminación para separar a Cataluña de España, a pesar de que desde Madrid y Europa le previnieron de que se quedaría fuera de las instituciones europeas en el caso hipotético de que Cataluña declarase la independencia unilateralmente.
Para no ser menos, Oriol Junqueras amenazó en Europa con parar Cataluña durante una semana para hundir a la economía española.
El Gran Mesías siguió con sus bravuconadas amenazando y dando desplantes al Gobierno Central hasta que a este se le acabó la paciencia y dijo hasta aquí hemos llegado. España no puede permitir este chantaje permanente por parte de algunos políticos catalanes.
Pero el gran Artur Mas no estaba dispuesto a ceder y se le ocurrió la convocatoria de unas elecciones "plebiscitarias" convencido definitivamente de que su idea del referéndum no tenía ninguna posibilidad de salir adelante de forma medianamente legal.
Elecciones plebiscitarias las llamó. Los 50 escaños que había conseguido en las anteriores elecciones se quedaron en 21 con la consecuencia grave de que el Aspirante a todo, Sr. Durán i Lleida, abandonó la coalición llevándose sus 8 diputados de tal manera que el Gran Mesías se quedó en una situación más que crítica, al borde de la desaparición de su partido.
Las elecciones fueron ganadas por ERC seguido muy de cerca por Ciutadans que se convertía así en el segundo partido en el Palament Català y cuyo joven lider Albert Rivera consiguió formar gobierno con al apoyo del PPC y la abstención como siempre del PSC.
Don Artur Mas, se fue a la peluquería, se arregló el pelo, cogió un avión rumbo a Palma de Mallorca donde su hijo político era presidente de la plaza de toros y alejado por completo de la política, eso si, con un gran sueldo como Expresident del Govern, se dedicó a pensar en su extensa carrera política heredada y mal administrada y preparar su libro de memorias que nunca llegó a publicarse.
A pesar de los buenas intenciones del nuevo presidente y su saber hacer en política, Catalunya nunca más volvió a ser aquella región que durante muchos años movió la economía española y europea. Sobrevió a costa de las ayudas recibidas del gobierno central.
Esta es la historia más tonta que jamás se haya contado, protagonizada por la ambición de un impresentable que se creyó Dios. <Puede acabar así>