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PROTEGIENDO A MI HIJA  /  INÉS ESPINOSA  /  02-04-2014
Cuando Sofía llegó a casa llorando y le explicó a su madre que estaba muy enamorada de su jefe pero que este no la correspondía, Yolanda pensó que tenía que hacer algo rápido para ayudar a su hija. Como madre sabía lo que se puede sufrir en una situación así, y no estaba dispuesta a permitirlo.
En lo primero que pensó fue en que Sofía dejara el trabajo. No sería un gran problema. Su padre era propietario de un afamado restaurante y su situación económica les permitía vivir sin trabajar tanto a Yolanda como a su hija Sofía.
Pero Sofía había luchado por conseguir ese trabajo que le proporcionaba una cierta libertad y autonomía suficiente como para no tener que depender de su familia y demostrar que los largos años estudiando en colegios elitistas habían servido para algo.
Definitivamente Yolanda, se armó de valor y aprovechando un día que su hija tenía libre, se presentó en el despacho del jefe de Sofía.
Un vez hecha la oportuna presentación, Yolanda le contó los motivos que le habían llevado a dar el paso que estaba dando. Era consciente de que no era un actuación normal pero creía que José Antonio, así se llamaba el jefe de su hija, entendería su forma de proceder.
José Antonio se quedó muy sorprendido con lo que Yolanda le contó porque nunca imaginó aquella situación ni era consciente del enamoramiento de Sofía. Era un joven y atractivo ejecutivo que había accedido a la dirección de una gran empresa de cosméticos después de tres años de acabar su carrera de químicas y en una fuerte competencia con otros cinco aspirantes al puesto, algunos con bastante más experiencia que él en el sector.
Para mi, Sofía sólo es una secretaría, buena en su trabajo pero sólo eso. Puede decírselo de mi parte si usted lo desea. Si Sofía no se siente con fuerza para continuar, puede buscar otro trabajo. Yo personalmente le haré una carta de recomendación.
La respuesta de José Antonio penetró como una bala en la cabeza de Yolanda que irritada y herida en su orgullo, profirió todo tipo de insultos contra José Antonio y amenazó con usar todos sus contactos para conseguir que lo despidieran de la empresa, al tiempo que salía del despacho dando un portazo que bien pudo hacer añicos los cristales de la puerta.
La tarde fue larga para José Antonio después de la desagradable visita. Sin poder centrarse en su trabajo fue pasando el tiempo hasta que cansado decidió tomar una copa antes de ir a su casa, como muchos días solía hacer.
Pero las sorpresas no habían acabado para él. Yolanda sabía por su hija que José Antonio, al salir del trabajo, acostumbraba a pasar por una coctelería próxima a su lugar de trabajo y allá estaba ella esperando sentada en un taburete de la barra.
Al ver entrar a José Antonio se levantó y acudió a su encuentro disculpándose y mostrando su disgusto por el "espectáculo" que había organizado en su despacho.
Créame que me siento avergonzada y me gustaría invitarle a una copa y que me permitiera presentarle mis más sinceras disculpas. Nunca pensé que llegaría a actuar así.
Después de dos Gin Tonics, la agresividad de ambos desapareció dando paso a una fuerte complicidad que acabó haciendo aflorar en ellos muchas intimidades y confidencias.
Nada recordaba lo acontecido hacía apenas unas horas y la noche dio un vuelco inesperado.
Yolanda Llamó por teléfono a su marido para decirle que llegaría tarde ya que había quedado con su hermana para cenar. Luego llamó a su hermana y le contó lo que acababa decirle a su marido. La coartada era perfecta.
La cena fue la más romántica que Yolanda había vivido en muchos años. Por qué cambian tanto las cosas una vez que estamos casados? Se preguntaba mientras su mirada se perdía en el fondo del restaurante.
Puedo invitarte a una copa en mi piso? Preguntó José Antonio al salir del restaurante.
Yolanda ni podía ni quería negarse a la invitación. Desde que apuró el último sorbo del último Gin Tonic, la idea no había dejado de rondarle por su cabeza. Olvidado el motivo de su visita al despacho del jefe de su hija, sólo veía una oportunidad para sentirse nuevamente mujer.
El reloj marcaba las dos de la mañana cuando José Antonio pidió por teléfono que enviaran un taxi a la puerta de su casa. Quiso acompañar a Yolanda pero ella se negó. Muy arriesgado porque era la hora a la que su marido acostumbraba a llegar del restaurante.
De camino a casa, medio arrepentida pero aun excitada por todo lo acontecido, pensaba y se justificaba intentando convencerse a si misma de que todo aquello había sido un pequeño sacrificio por proteger a su hija.
Un sacrificio pagado a plazos porque a pesar de que Sofía dejó el trabajo a los pocos meses de contarle a su madre su problema, después de seis años, la relación entre Yolanda y José Antonio continua viva.
Lo que puede llegar a hacer una madre por proteger a su hija!!!!